lunes 12 de octubre de 2009

MODERNIDAD Y TRADICIÓN EN EL PERÚ (I)


Carlos Eduardo Pérez Crespo

Hemos mencionado en un post anterior cuáles fueron los cambios sociales, culturales y políticos que Marx y Weber trataron de comprender en el tránsito de la sociedad tradicional a la moderna. La reflexión que falta es cómo se da esto en el Perú de hoy. Para esto situemos tres ideas centrales.

En primer lugar, tenemos que distinguir entre modernidad y modernización, conceptos distintos que algunos filósofos parecen no entender bien, ya que los presentan como sinónimos del nihilismo, el capitalismo o, en el peor de los casos, del liberalismo. La modernidad se refiere al proceso de "racionalización" de las relaciones sociales: la legitimidad y la acción social tienen como componente esencial el hecho de que hay ciertas normas sociales y legales que regulan el comportamiento. De este modo, cuando se habla, por ejemplo, del Estado moderno, nos referimos a una institución que tiene el "monopolio legítimo de la violencia", pero también a todas las normas que amparan esta definición: la Constitución, el Estado de Derecho, las Fuerzas Armadas, etc.

Qué es la modernización? A diferencia de la modernidad, es un proceso de cambio en donde se despliegan fuerzas económicas y productivas que transforman, destruyen e inventan nuevas relaciones en el ámbito de la cultura y de la política. Por esa razón, la modernización lleva casi en sí misma la semilla de la destrucción. Por situar un ejemplo de Samuel Huntington: si las instituciones políticas no tienen la capacidad de adaptación a las demandas de la población, entonces se genera un proceso de caos social y creciente insatisfacción. En resumidas cuentas, la modernidad es un fenómeno histórico en donde se "racionaliza" la cultura, la política y la economía; la modernización, por el contrario, es el proceso destructivo que nos lleva a ese objetivo.

En los últimos 40 años el Perú viene experimentando una modernización acelerada y sin antecedentes. La población ha crecido exponencialmente, las migraciones a la capital han transformado la ciudad y han traido nuevas formas de acción y de legitimidad social, lo cual ha producido distintas interpretaciones en las ciencias sociales: la "cholificación" a partir de los 50´s (Quijano), la pujanza del sector informal de los 80´s (De Soto), El "desborde popular" (Matos Mar) y, recientemente, lo que podríamos llamar la destrucción de la naturaleza y de la tradición.

Al referirnos a la tradición seguimos a Max Weber, quien definió esta como los sentidos sociales que se transmiten por generaciones y en donde la "costumbre" tiene mayor peso que la racionalidad: es decir, las normas sociales son justificadas con el lema "lo que siempre ha sido así y no tiene por qué cambiar". En el caso peruano la tradición se ha establecido en tres flancos totalmente imbricados, pero no por eso indiscernibles: la andinidad, la vida en comunidad y la dimensión mística y espiritual.

La andinidad es esencial al Perú: le precede al catolicismo hispánico e, incluso, lo ha transformado con el transcurrir de los siglos, estableciendo un sincretismo muy propio de toda una civilización, popularizándose recientemente como la "cultura chola". Es importante resaltar que lo andino no es una raza, ni una etnia ni tampoco una forma de vida, sino una identidad que parte de una "comunidad imaginada", en términos de Benedict Anderson. Asimismo, la vida en comunidad también es parte de la tradición, ya que es el reconocimiento de un grupo como parte de un todo, por lo cual cada uno de sus miembros participa directa o indirectamente de los asuntos públicos. La comunidad sólo existe, por tanto, si hay un sentimiento de pertenencia y si se concreta la participación.

Finalmente, la dimensión mística y espiritual es inherente al mundo de la tradición porque los individuos reconocen su existencia individual y colectiva como parte de principios que rebasan la mundanidad, el materialismo y la inmediatez. En ese sentido, llevar la religión como una forma de vida, y no como una forma culposa de actuar, distingue la vida en tradición. En el sentido más exacto, la tradición dice que el pez elige su camino al nadar; pero este jamás elige la corriente que trae consigo el mar.

viernes 18 de septiembre de 2009

POPULISMO Y NEOPOPULISMO EN AMÉRICA LATINA: TEORÍAS Y PRÁCTICAS


Se agradece la difusión de este evento.

Fecha: Del 2 al 13 de noviembre
Hora: Lunes, miércoles y viernes de 6:30 a 9:00 p.m.
Lugar: Universidad Antonio Ruiz de Montoya

A cargo de Jorge Aragón Trelles y Carlos Eduardo Pérez Crespo

Se analizará el fenómeno populista en América Latina, con un énfasis particular en la región andina. La primera parte ofrecerá una discusión sobre las principales semejanzas y diferencias entre el populismo clásico y el populismo contemporáneo — o neopopulismo para algunos autores —, y sobre la persistencia de este fenómeno en la historia política de América Latina. Posteriormente se comparará casos contemporáneos de dicho fenómeno en diferentes países andinos: Autoritarismo y populismo durante el gobierno de Alberto Fujimori, el populismo Bolivariano de Hugo Chávez y la representación populista en el Ecuador. En la última sesión se abordará el impacto de liderazgos y gobiernos populistas sobre los procesos de democratización en nuestra región.

Para inscribirse en el curso, haga click aquí.

Perfil: Jorge Aragón Trelles

Doctor en Ciencia Política por University of Florida con maestría en Estudios Latinoamericanos por la misma universidad. Estudio Sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Director de la carrera de Ciencias Políticas y Miembro Asociado del Instituto de Ética y Desarrollo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

Perfil: Carlos Eduardo Pérez Crespo

Licenciado en Ciencia Política y Gobierno de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Actual consultor del proyecto PNUD “Educación ciudadana para el fortalecimiento de la democracia participativa en las zonas rurales”, a cargo de la Dirección Nacional de Educación Cívica Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones y como docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la PUCP. Ha realizado publicaciones en importantes revistas especializadas.

INFORMES:

informes@uarm.edu.pe.
Teléfonos: 719-5990 - 4245322

Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Av. Paso de los Andes 970, Pueblo Libre

miércoles 9 de septiembre de 2009

I COLOQUIO DE EGRESADOS DE CIENCIAS SOCIALES PUCP


La facultad de Ciencias Sociales cumple 45 años de vida institucional. Hemos formado más de tres generaciones de investigadores y profesionales en las áreas de las ciencias sociales y un coloquio es la perfecta oportunidad de congregar a este gran colectivo de profesionales e investigadores para exponer sus ideas sobre lo que hay de nuevo en el Perú. Podríamos decir que es un deber inherente a nuestra vocación, reflexionar sobre los problemas que encontramos en nuestra sociedad. Lo hacemos en nuestro trabajo profesional, venimos haciéndolo hace décadas, pero es importante mirar de manera renovada algunas de las preguntas de siempre.

¿Cuál es la lectura que podemos darle a la más reciente historia nacional? ¿Cuáles son nuestras experiencias profesionales recientes? ¿Qué ha cambiado en nuestra práctica profesional? ¿Qué nuevas interrogantes debemos plantearle al mundo académico? ¿Cuál es son las referencias teóricas más importantes para la práctica profesional? ¿Cual es la importancia del referente teórico para la práctica profesional? ¿Cuáles son los nuevos temas y campos que deberíamos estudiar? ¿Cómo se vincula el Perú con las regiones y el mundo? Todo esto nos lleva a nuestra gran pregunta ¿Qué hay de nuevo (en el Perú)?

La Facultad de CCSS los invita a participar en este Primer Coloquio de Egresados que se llevará a cabo entre el 4 y 6 de noviembre del 2009 en nuestra siempre querida Facultad de Ciencias Sociales.

Informes: (cualquiera de los siguientes correos)
coloquioegresadosccss@pucp.edu.pe
sociales45@pucp.edu.pe

Lista de Temas (Se aceptan propuestas de temas para conformar nuevas mesas)

• Migraciones nacionales e internacionales
• Transformaciones y Cambios Culturales
• Sociedades Rurales
• Crisis Financiera
• Cambios Socioambientales
• Descentralización y Gobiernos Locales
• Sociedades Rurales
• Estudios Urbanos
• Calidad de la Democracia
• Democratización y Gobernabilidad
• Desigualdades y políticas sociales
• Estado, políticas públicas y regulación
• Migraciones y mercado Laboral
• Acuerdos comerciales regionales y desarrollo.
• Actores, movilizaciones y conflictos

Presentación de propuestas:

Propuesta de Paneles temáticos y Sumillas (Abstracts ) : hasta el 21 de Setiembre
Dos formatos de presentación: -
• Ponencia (15 a 25 páginas)
• Intervención social (5 a 10 páginas ó Power Point bien elaborado)
• Presentación Estilo Banderola – sólo exhibición – (Habrá espacios en donde cada persona o equipo pueden colgar un banner y repartir manuales, folletos, textos o libros de lo que estén trabajando)

Aceptación de propuestas: 25 de Setiembre

Entrega de Textos/Documentos completos: 20 de Octubre

Fechas y horarios del Coloquio*:

Miércoles a Viernes de 5 pm. - 9 pm.
(el detalle del programa saldrá conforme vayan llegando las propuestas de mesas y trabajos)

* Sujeto a Cambios

Páginas web:
Facultad de Ciencias Sociales
Facebook de la Facultad de Ciencias Sociales
Coloquio de Egresados (próximamente)

jueves 20 de agosto de 2009

EL ENFOQUE FUKUYAMA (ENTREVISTA)


Reproduzco esta entrevista muy interesante publicada el día de hoy en el diario Caretas. Saludos.

Francis Fukuyama, el filósofo y economista político estadounidense de origen japonés, fue quien anunció hace casi veinte años “El final de la historia” (1989). El ensayo de ese título, ampliado luego a un libro en 1992, sostenía que el término de la guerra fría representaba en efecto, el advenimiento de la democracia liberal occidental como el sistema político que enterraría el debate con el marxismo y otras expresiones ideológicas.

Con los años, Fukuyama se distanció de la ideología neoconservadora que sus trabajos ayudaron a cimentar y confiesa incluso que votó por Barack Obama. “Nunca me he catalogado ideológicamente”, responde.

Aunque reconoce que en 1997 pidió al gobierno de Bill Clinton invadir Irak, ahora sostiene que el gobierno de George W. Bush “no supo calcular los costos de un proceso tan largo. Tenían que haber previsto cuándo terminar esta invasión. Después del 11 de setiembre del 2001, la sociedad americana estaba unida frente al terror. Pero Bush destruyó ese consenso con decisiones equivocadas y sus acciones de gobierno produjeron una gran polarización. Hemos tenido que vivir con las consecuencias”.

En los últimos años Fukuyama trabajó con temas como el de la revolución biotecnológica y el año pasado editó el libro de diez ensayistas “Cayendo Rezagados: Explicando la brecha de Desarrollo entre América Latina y los Estados Unidos”.

Esta entrevista se produjo en la Universidad de Stanford en California, luego de las clases que Fukuyama ofreció en el Centro para el Desarrollo, la Democracia y el Estado de Derecho (CDDRL). Comenzó en el campus de Palo Alto y prosiguió por las terrazas principales de Google en Mountain View, California. La poderosa cámara de Fukuyama revelaba su condición de fotógrafo en sus tiempos libres. Tras la visita partió a Medellín, Colombia, a una reunión con empresarios y el presidente Álvaro Uribe.

–¿Cómo ve a Latinoamérica?
–Soy mucho más optimista que mucha gente respecto a esta región. Me parece que hay países que están haciendo bien las cosas. En esta última crisis no vimos bancos latinoamericanos envueltos. En cuanto a la macroeconomía hay políticas estables, salvo en Bolivia y Venezuela. El Perú tiene una buena tasa de crecimiento. Ha habido mejoras en el aspecto macroeconómico. El problema es el elevado nivel de desigualdad y pobreza en la región. Incluso después de la recaudación de impuestos todavía encontrará los altos niveles de desigualdad social y económica. Ese es un factor que desestabiliza la región.

–¿Qué se necesita hacer?
–Actualmente, en Europa y en los Estados Unidos existe un grado de desigualdad previo al cobro de impuestos, pero después de recaudar los impuestos y después de realizado el gasto público, el grado de desigualdad disminuye muy drásticamente. En países más desarrollados como en Estados Unidos y los europeos tenemos un sistema de tasa de impuestos muy progresiva. En América Latina el nivel de desigualdad permanece igual y en muchos casos aumenta, en realidad, ya que los gobiernos de América Latina realmente subsidian mediante el gasto público el sistema de seguridad social y las pensiones públicas. así como la educación universitaria pública.

–¿Propone una reforma tributaria?
–Necesitan una reforma para lograr obtener más recursos para las personas que están en la parte inferior de la economía. Debe de haber una mejor distribución del ingreso. Es muy difícil hacerlo porque hay muchos grupos de interés detrás de los presupuestos.

–¿Hugo Chávez y el populismo aprovechan de esta desigualdad?
–Hugo Chávez no es la causa de los problemas en la región, es un síntoma de un problema profundo social que no fueron abordados por los gobiernos anteriores en Venezuela. Es que hay algo heredado de los españoles: un alto grado de estratificación social. Los estudios realizados por el Banco Interamericano de Desarrollo y otras instituciones demuestran cuáles son las principales fuentes de la desigualdad en Latinoamérica. No hay un gran misterio de cuáles son ellos. En mi último libro trato de las instituciones básicas: Estado, estado de derecho y democracia. Menciono que los malos hábitos en la democracia de América Latina en los últimos 20 años están relacionados con la herencia recibida de España.

–Pero con Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa, Latinoamérica se está yendo hacia la izquierda.
–Sí. Pero, por ejemplo, Lula representa otro tipo de izquierda, mucho más responsable, que busca la sostenibilidad de las políticas de su gobierno para que puedan durar a través del paso del tiempo. Yo creo que se verá prosperidad en el futuro. Hay una gran opción. Pero la mayoría de las personas aún siguen quedando excluidas del crecimiento. Y esa es la causa de la inestabilidad política de la región.

–¿Cómo impedir que las sociedades tomen opciones en favor de autoritarismo en la región?
–La respuesta para eso es una democracia de mejor calidad y que la gente sepa en qué se está gastando el dinero público. El caso de Chávez y su llegada al poder ocurrieron debido a que la antigua democracia venezolana no había abordado grandes problemas de desigualdad antes. Vivían del petróleo nada más. En la década de 1980, con la crisis del petróleo justamente esos gobiernos democráticos no pudieron distribuir más riqueza. Perdieron legitimidad. En el caso de Bolivia hubo una reacción frente a muchos años de exclusión de los indígenas del sistema político.

–¿Qué opina de la crítica que se hace al Consenso de Washington: que tenía que ver solo con la mejora de la macroeconomía y no con la de la situación social de los países?
–Pensaron que el gasto social produciría déficit fiscales y exceso de gastos. Por eso estaban interesados en recortarlo. Eso fue lo correcto en determinadas circunstancias. Necesitamos ver cómo diseñar bien los programas sociales. Tenemos que ayudar a los pobres a realizarse a sí mismos para tener una mejor calidad de vida. Creo que los Programas de Transferencia Directa Condicionada de dinero han sido bien diseñados, como el de Oportunidades en México y el de Bolsa Familia en Brasil. Reducen el nivel de desigualdad.

–¿Cómo tratar la corrupción en el sector público?
–No hay una sola respuesta. Los funcionarios públicos en la región deberían estar bien formados y bien pagados. Ese sería un factor importante para reducir la corrupción. Se necesita también una sociedad civil fuerte, un sistema de partidos político que funcione y una prensa independiente. Necesitamos que existan grupos que proporcionen información acerca de los actos de corrupción. El Perú fue un buen ejemplo después de las revelaciones en que se muestra a Montesinos en actos de corrupción a través de las cintas de vídeo presentadas. Sin las denuncias presentadas por la oposición y la prensa independiente peruana, Fujimori no habría dejado nunca el poder.

–¿Cuál es su opinión actual acerca del Perú?
–El Perú representa un reto muy interesante porque ha sido el país más exitoso desde el punto de vista económico, con la más alta tasa de crecimiento de la región. En ese sentido es una estrella. Pero en muchas encuestas reflejan que su población no parece muy feliz al respecto. Parte de eso es porque este crecimiento está relacionado con la minería y otras actividades altamente concentradas que no producen mucho empleo. Es una situación muy delicada. Las altas tasas de crecimiento que no se comparten con la mayoría de la población, traen problemas sociales y falta de legitimidad. (Entrevista desde Stanford, California. Guillermo Gonzales Arica)

FUENTE:

http://www.caretas.com.pe/Main.asp?T=3082&idE=841&idS=233

martes 18 de agosto de 2009

LATIN AMERICAN GEOPOLITICS


The dragon in the backyard
Aug 13th 2009
From The Economist print edition

Latin America is tilting towards China, Iran and the global “south”—and away from the United States

IF ALL goes to plan, by 2012 the first shipments of copper from Toromocho, a mine in the Peruvian Andes, will be sent by train and truck to a new $70m wharf in the port of Callao. From there, they will be shipped across the Pacific to China. The mine is being developed at a cost of $2.2 billion by Chinalco, a Chinese metals giant. Both it and the wharf will be the most visible symbols of the burgeoning trade and investment that are fast turning China into a leading economic partner for Peru and many other Latin American countries.

In the first six months of this year China became Brazil’s biggest single export market for the first time (partly because Brazil’s manufacturing exports fell sharply in the recession). During two days of talks in Beijing in May between Brazil’s president, Luiz Inácio Lula da Silva, and his Chinese counterpart, Hu Jintao (pictured above), an agreement was signed under which the China Development Bank and Sinopec, a Chinese oil company, will lend Brazil’s state-controlled oil company, Petrobras, $10 billion in return for up to 200,000 barrels a day (b/d) of crude oil for ten years from the country’s new deep-sea fields. Weeks earlier China offered Argentina a currency-swap arrangement involving use of yuan worth $10 billion, and lent cash-strapped Jamaica $138m to enable it to stave off a debt default. Chinese companies have bought stakes in oilfields in Ecuador and Venezuela, and are talking of building a refinery in Costa Rica. This week China National Petroleum Corporation and CNOOC, another oil firm, were reported to have bid at least $17 billion for the 84% stake in YPF, Argentina’s biggest oil company, held by Spain’s Repsol.

TEXTO COMPLETO:

http://www.economist.com/displaystory.cfm?story_id=14209932

jueves 23 de julio de 2009

¿LA RESURRECCIÓN DE LA CIENCIA POLÍTICA?


Carlos Eduardo Pérez Crespo

Es conocido el libro del mexicano César Cansino en el cual argumenta que la ciencia política está "herida de muerte". En su célebre texto el autor señala que el exceso del método, y la pérdida del contacto con la filosofía política, ha degenerado en una ciencia "trivial" y "empiricista" que no logra responderse a sí misma "preguntas relevantes". Del mismo modo, con un hálito parecido al de Leo Strauss en What is Political Philosophy?, Cansino retoma la crítica, falsa por cierto, de que la aspiración científica de la ciencia política esconde el intento de querer ser una disciplina a-valorativa y, por tanto, no comprometida con la realidad social o política:

"En octubre de 2004 G. Sartori publico en Political Science and Politics, un ensayo titulado “Where is Political Science Going?, en el estableció de manera tajante que la disciplina que él contribuyó a crear y desarrollar, la ciencia política, perdió el rumbo, que actualmente camina con pies de barro, y al abrazar con rigor los métodos cuantitativos y lógico-deductivos para demostrar hipótesis cada vez más irrelevantes para entender lo político, término alejándose del pensamiento y la reflexión, hasta hacer de esta ciencia un elefante blanco gigantesco, repleto de datos, pero sin ideas, ni sustancia, atrapada en saberes inútiles para aproximarse a la complejidad del mundo, escribió, Cesar Cansino, al comentar y presentar recientemente los planteos de Sartori en la Revista Metapolítica".


No obstante, es curioso que más de 2500 participantes de todo el mundo hayan asistido al último Congreso Mundial de Ciencia Política, uno de los mejores eventos académicos de la historia de la disciplina. Hubo más de 900 mesas que se presentaron por 4 días consecutivos. Por esa razón, en vista de la contradictoria afirmación de la "muerte" de la ciencia política y el "vitalismo" que se vivió en el Congreso, presento un pequeño resumen de lo que afirmaron tres renombrados politólogos sobre tres temas clásicos del estudio científico de lo político.

1) Giovanni Sartori: conceptos y métodos en la ciencia política

a) Es necesario crear una "identidad" de la carrera para hacerla independiente de la filosofía, la sociología, el derecho y la historia. No obstante, la ciencia política no ha progresado en su intento por responder las preguntas "conocimiento científico para qué" y "conocimiento científico cómo".

b) Cómo hacer de una ciencia empírica una ciencia pura como la física? Lograr esto es imposible, pero no se puede producir ningún tipo de ciencia sin un lenguaje apropiado y especializado, más aún en el estudio de lo político.

c) El problema con la especialización de la ciencia política es llegar a una situación de aislamiento frente al mundo real; pero por eso el modelo a seguir sigue siendo la economía que es, sobre todo, una ciencia empírica.

2) Claus Offe: los Estados post siglo XX

a) En el s. XX la pregunta era cómo limitar el poder del Estado y la respuesta fue el Estado de Derecho. Asimismo, el Estado de Bienestar ahora es reclamado por los mismos líderes ligados al mundo financiero.

b) El Estado no fue creado por ideales democráticos, sino por intereses colectivos.

c) Por esa razón, sólo dos cosas pueden reforzar la democracia liberal: la mayor participación política en las elecciones y la mejora en la formación de las preferencias políticas.

3) Philipe Schmitter: los Estados nacionales y supranacionales

a) Después de la Unión Europea existe ahora la figura de los Estados supranacionales, pero esta no se parece de ningún modo al concepto weberiano de Estado.

b) Sin embargo, la creciente interdepencia entre los Estados no ha acabado ni con el Estado nacional ni tampoco con la posibilidad de hacer política comparada.

c) La ciencia política ha sido capaz de explicar las diferencias en las constituciones políticas. Pero el problema hoy es explicar las similitudes en las nuevas democracias contemporáneas.

jueves 9 de julio de 2009

LIBRO RECOMENDADO DEL MES: "EL RETORNO DEL PUEBLO"


Vengo leyendo este excelente libro sobre el populismo en América Latina. Tal como puede apreciarse líneas abajo, politólogos de distintos países se reúnen para discutir en este pequeño volumen la naturaleza del populismo, en el cual todos señalan un elemento central: el surgimiento del populismo es, al mismo tiempo, el regreso del "pueblo" como actor político, por lo cual la institucionalidad de la democracia liberal se ve en asedio. Resalto el artículo de Peruzzotti, que es el primer gran texto teórico que he leído acerca del tema y que, para mi agradable sorpresa, utiliza a Carl Schmitt y su lectura de la democracia no-liberal para comprender el populismo latinoamericano. Muy recomendable.

El retorno del pueblo. Populismo y nuevas democracias en América Latina. Editores: Carlos de la Torre y Enrique Peruzzotti

I. Descripción:

Los liderazgos de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa han puesto de nuevo e n el tapete la discusión sobre el populismo. Si bien estos líderes dicen ser la encarnación de la voluntad democrática y la posibilidad para cambios profundos, sus detractores los ven como un peligro para la institucionalidad de la democracia. Este libro no condena ni alaba el populismo.

Los ensayos recopilados analizan varios rasgos de los populismos latinoamericanos como son: el liderazgo político, el discurso populista, las características de la representación y de la organización populista, sus relaciones con la nación y con las instituciones y procedimientos de la democracia liberal. Se analizan varias hipótesis que explican por qué el populismo se negó a desaparecer y resurgió en variantes neoliberales en la década de los noventa del siglo pasado y en nuevas formas radicales en las propuestas nacionalistas y pos-neoliberales de los socialismos del siglo XXI.

II. Contenido:

Presentación

Introducción
El regreso del populismo
Carlos de la Torre y Enrique Peruzzotti

El resurgir del populismo

Populismo, ciudadanía y Estado de derecho
Carlos de la Torre

El resurgimiento del populismo latinoamericano
Kenneth Roberts

Populismo: democracia, representación, organización y nación

Fisuras entre populismo y democracia en América Latina
Francisco Panizza

Populismo y representación democrática
Enrique Peruzzotti

La organización populista. Los Círculos Bolivarianos en Venezuela
Kirk Hawkins

Sobre alquimistas e imaginadores. Populismo y nación
Julio Aibar Gaete

Populismos recientes en Ecuador

El flautista de Hammelin. Liderazgo y populismo en la democracia ecuatoriana
Flavia Freidenberg

Bucaram en Panamá. Las secuelas del populismo en Ecuador
Catherine Conaghan

El populismo intermitente de Lucio Gutiérrez
César Montúfar

FUENTE:

http://www.flacso.org.ec/html/pub1.php?p_number=LB_0000668

WHAT TO READ ON STATES AND MARKETS


Summary -- An annotated Foreign Affairs syllabus on states and markets.

MARK BLYTH is Professor of International Political Economy
at Brown University.


As governments around the world have responded to the global economic crisis, questions about the appropriate relationships between states and markets are once again a matter of intense public and policy debate. As the discussion proceeds, the subject's long history is worth bearing in mind. The canonical authors one might think to start with --Adam Smith and Karl Marx -- are not actually all that helpful. Smith's writings on the state should be read against his indictment of the mercantilist system, not in relation to the modern world, and Marx's writings on the state, despite some notable epigrams, are also not particularly relevant to the contemporary era. The texts that follow, in contrast, offer readers a deep historical and theoretical understanding of the relationship between states and markets over time.

Coercion, Capital, and European States, AD 990-1990. By Charles Tilly. Basil Blackwell, 1990.

Going back a thousand years, Charles Tilly describes how European societies developed differently by relying on various combinations of coercion (force) and capital (cash). He distinguishes between coercion-intensive empires, capital-intensive cities and city states, and a third, hybrid option, "capitalized coercion," which generated the modern nation states that ultimately survived. Countries such as Britain and France, he argues, sought to enhance the fiscal capacity of their states in response to competitive pressures, and in doing so, they built a set of institutions (the modern state) that transformed society's class structures and paved the way for capitalist development.

The Passions and the Interests: Political Arguments for Capitalism Before Its Triumph. By Albert O. Hirschman. Princeton University Press, 1977.

Possibly the most beautiful and enjoyable book in all of political economy, Albert Hirschman's The Passions and the Interests is a tour de force that takes readers from St. Augustine and Machiavelli to the French physiocrats and the Scottish Enlightenment. Along the way, Hirschman shows that the idea that markets are "natural" was put forward not as a description of reality but rather as a political argument in their favor. He also details how the invention of capitalism depended on the creation of a new type of political actor -- an individual liberal subject who was the product of a liberal state. This is magical stuff -- Foucault without the long words and in less than 120 pages.

The Great Transformation: The Political and Economic Origins of Our Times. Karl Polanyi. Beacon Press, 1944.

If Hirschman presents capitalism as a "revolutionary ideology" tied to a specific form of state, Karl Polanyi's classic shows how the development of markets has been a political project pioneered by the state (as opposed to something that emerged in opposition to it). "Laissez faire was planned," he writes. "Planning was not." The creation of markets, that is, has been a violent process involving the wrenching of society from its traditional norms and institutions -- a process that has generated a natural reaction of society against the market itself ("planning"). The limited liberal state has spread the market, Polanyi argues, but its very success has called forth other sorts of states charged with protecting the society that markets have dislocated: fascist, communist, and social democratic.

Kicking Away the Ladder: Development Strategy in Historical Perspective. By Ha-Joon Chang. Anthem Press, 2000.

Economists since David Ricardo have seen states that practice free trade (rather than trade controlled by the state) as the engine of development in the global economy. Ha-Joon Chang disagrees. He develops Friedrich List's mercantilist idea that free trade between equally developed and differentially factored states may be welfare improving, but free trade between unequally developed states locks in the advantages of the more developed ones, thus "kicking away the ladder" from those beneath. Drawing on extensive data from the nineteenth century, Chang shows how the United States had the highest tariffs in the world during its period of exceptional growth; how the United Kingdom's practice of free trade was selective at best; and how the much-trumpeted Cobden-Chevalier Treaty of 1860 effectively halted French industrialization for 50 years.

Embedded Autonomy: States and Industrial Transformation. By Peter Evans. Princeton University Press, 1995.

In the modern era, only some poor countries have managed to achieve strong, continued economic growth and development. Those that have succeeded (primarily in East Asia and, more recently, South Asia) are outnumbered by also-rans (in Latin America) and chronic cases of underdevelopment (in sub-Saharan Africa). Peter Evans argues that the explanation for this pattern lies in the difference sorts of states countries have been saddled with or acquired. Where the state has "embedded autonomy" -- that is, where it can rise above societal interests and implement long-term projects but remains embedded in society's networks and information flows -- it can foster growth and development. Such "developmental" states avoid klepto-patrimonialism, corrupt clientelism, and stagnation. The take-home lesson is that certain kinds of state can be developmental hindrances but other kinds can help promote growth and development.

States and the Reemergence of Global Finance: From Bretton Woods to the 1990s. By Eric Helleiner. Cornell University Press, 1994. Capital Rules: The Construction of Global Finance. By Rawi Abdelal. Harvard University Press, 2007.

Eric Helleiner gives the clearest historical account of how the world moved from restricted capital flows in the 1950s to open and integrated financial markets by the 1980s. He takes readers through the emergence of the "embedded liberal order," the challenges it faced in the 1960s, and its denouement in the 1970s and 1980s. Combining economic and political analysis, Helleiner shows how the neoliberal order that has emerged is not a turnaway from the state but rather dependent on the state for its deployment and operation. Privatization, deregulation, and openness, he argues, mark less the withdrawal of the state than its redeployment in support of a pro-market position. Rawi Abdelal's book builds upon Helleiner's, explaining why the neoliberal order took the form it did. For Abdelal, what is most striking about the current open financial order is the number of rules it has. Far from seeing a "flat" world where economic forces run roughshod over powerless governments, Abdelal sees a rule-governed world where globalization has a French, not an American, accent. He argues that a group of French politicians operating within the "more state than market" institutions of the European Union, the Organization for Economic Cooperation and Development, and the IMF constructed the rules for global capital, institutionalizing on a global level the types of practices usually associated with the state on sovereign and domestic levels.

One Economics, Many Recipes: Globalization, Institutions, and Economic Growth. By Dani Rodrik. Princeton University Press, 2007.

Neoclassical economists are known for their distrust of the state. It is a surprise, then, for a leading member of the club to come out in favor of the legitimacy of "national policy choices" and admit the utility of industrial policy. Dani Rodrik's book thus marks a watershed in mainstream economic thinking about the role of the state in generating growth and development. Rodrik's main argument is that good growth policies are always context specific, dependent on local knowledge, and implemented by conscious reform rather than happy accident. Laissez faire, accordingly, makes little sense as a general policy package. The world may be globalized, but political actors need to choose and act within that world to maximize their own communities' prosperity -- something that might involve a much greater role for the state than is often admitted in mainstream policy circles.

Adam Smith in Beijing: Lineages of the Twenty-First Century. By Giovanni Arrighi. Verso, 2007.

Finally, for something completely different, one might try Giovanni Arrighi's Adam Smith in Beijing. It can be read as a warning to the United States that the flowering of finance heralds the end of global dominance, as an analysis of the rise of China, and even as a political geography of late capitalism. Indeed, it is all three. But where the book truly excels is how Arrighi puts China rather than the West at the heart of his developmental narrative. His basic claim is that the East Asian state system has led to something different from the type of predatory and destructive capitalism found in European history, where capitalists took over the state and remade it in their image. Add all the markets you want to a country, he says, and it still won't amount to capitalism so long as it lacks the dominance, intellectually and materially, of a capitalist class. The relationship between state and market in China, he claims, where the state "rules" and the capitalist merely "earns," points to a system outside the familiar categories of communist, capitalist, liberal democratic, and so forth. The book is macro-historical sociology on the order of Tilly that places the other readings in a political context.

FUENTE:

http://www.foreignaffairs.com/features/readinglists/what-to-read-on-states-and-markets

domingo 5 de julio de 2009

SANTIAGO 2009: WORLD CONGRESS OF POLITICAL SCIENCE


LOCAL ORGANIZING Committee SESSIONS
(GLOBAL DISCONTENT AND BEYOND? CHILE AND LATIN AMERICA)

The LOC is organizing a set of sessions, oriented toward the current state of the Latin American and Chilean political studies, as well as an offer of cultural activities in the opening and closing ceremonies, which would include a cycle of political Latin-American cinema, concerts of classic and folklore music and samples of Chilean painting. The cultural program will appear in the web in the next months.

All these activities intend to mobilize all the Chilean and latin American political and social scientists who study the political themes with regard t an overall assessment and general debate, particularly in light of the upcoming bicentenary in many countries of the region.

The LOC’s program is divided in panels and special sessions.

I. Panels and convenors:

1. Quality of democracy
Convenor: Manuel Antonio Garretón
Post-transitional democracies in Latin America in a comparative perspective
Quantity vs. quality of democracy
Compared indices of measurement of the quality of democracy

2. Political Theory
Convenor: Tomás Chuaqui
Liberalism, republicanism and democracy
Biopolitics
Political discourse

3. Public opinion
Convenor: Miguel Ángel López
Methods of measurement of public opinion
Public opinion and electoral behaviour
"Use" and "abuse" of polls in politics and Political Science.

4. Executive – legislative relations
Convenor: Ricardo Gamboa
Legislative coalitions and the functioning of the presidency
The state of the art of “Latin American presidentialism”
Comparative legislative powers

5. The State and public policies in Latin America and Chile.
Convenor: Fabián Pressacco
State reform: debates, models and evaluation
The Nation State and local governments
The Nation State and globalization

6. Media and Politics in Latin America and Chile
Convenor: William Porath
The media and political campaigns
Concentration of ownership of the media
The internet and politics: uses and actors of the web

7. Political models and leadership in Latin America and Chile
Convenor: Marcela Ríos
New political leadership: personal, technocratic, ethnic, etc.
New forms of relationships between the State and society
Gender and political leadership

8. Constitutional debates and processes in Latin America
Convenor: Óscar Godoy
Processes of constitutionalization and new constitutional moment
Models: Constituent assemblies, referenda, etc.
Comparative institutional designs in new constitutions

9. Political Parties: crisis or transformations?
Convenor: Stéphanie Alenda
How should we study political parties?
The Lefts and social movements
The Chilean Right in comparative perspective

10. Methodologial Approaches
Convenor: Juan Pablo Luna
The numbers we use and the world we see: evaluating transnational data bases
Methodological debates in Latin American Political Science
Qualitative methods and their contribution to the development of Political Science

11. Armed Forces and Democracy
Convenor: Augusto Varas
The transformation of the Armed Forces and civilian control. Future challenges and new topics
Armed Forces, terrorism and new threats / risks
Military Education

12. Populism and neo-populism
Convenor: Robert Funk
Neo-populism: A new Left in Latin America?
Economic policy and the political discourse of neo-populism
Populism- neo-populism: continuities and ruptures

13. International Relations
Convenor: Claudio Fuentes
The present status of integration processes in Latin America
The environment and the globalization of justice: repercussions in Latin America
Bi-national tensions in the region

14. Crime and Security
Convenor: Hugo Frühling
Public policy perspectives on public safety
Public safety and social protest
Public safety and human security.

15. Citizenship and social capital
Convenor: Marco Fernández
Political consequences of citizenship deficit in Latin America
New citizenships and cultural identity
Social capital, trust and citizenship

16. Electoral systems and their political effects
Convenor: Ena Von Baer
The binominal system: effects and alternatives
Mechanisms of direct democracy in comparative perspective
The representation of minorities, quotas and other mechanisms

17. Politics and knowledge society in Latin America and Chile
Convenor: Alfredo Joignant
Political uses of science and knowledge
Technocracy and democracy
Government sciences and State legitimation

18. Bicentenaries and politics in Latin America
Convenor: Manuel Antonio Garretón
Political development in Latin America (is there a Latin American political tradition? centenary and bicentenary: comparative analysis; Keys and landmarks in Latin American political evolution)
Independency and Dependency (dependency theory revisited; globalization and interdependency; towards a new Latin American regionalism)

Compared Bicentenaries (symbolic and discursive analysis of the bicentenaries; Bicentenaries: prospective and retrospective; the Chilean bicentenary)


II. LOC Special Sessions:
Latin American responses to globalization.
State of democracy in Chile
Political dimension of global warming
Political parties; leadership and society.

MÁS INFORMES:

http://www.congresomundial2009.com/

jueves 2 de julio de 2009

THE COUP IN HONDURAS


Defying the outside world
Jul 2nd 2009 TEGUCIGALPA
From The Economist print edition

Hondurans are pleased that an old-fashioned coup has installed a new president; the rest of Latin America is appalled


HE IS an unlikely figure to have become an international cause célèbre. Manuel Zelaya is a moustachioed timber magnate who won Honduras’s presidential election in 2005 as a law-and-order candidate for the mainstream Liberal Party only to alienate most of the country by allying himself with Hugo Chávez, Venezuela’s leftist president. His overthrow in a military coup on June 28th was followed by calls for his restoration of striking unanimity and vehemence, from Barack Obama, Mr Chávez, the Organisation of American States (OAS) and the United Nations General Assembly, among others.

The only people who don’t seem to want the president back in his job are Hondurans. On June 30th thousands of them filled the main square in Tegucigalpa, the capital, to show their support for Mr Zelaya’s removal and his replacement by Roberto Micheletti (pictured above, with microphone), the head of Congress. “We don’t want Mel! Out, Mel!” they screamed, using Mr Zelaya’s nickname. “It was legal! It wasn’t a coup!” The previous day only a few hundred pro-Zelaya protesters had taken to the streets, burning tyres and throwing stones at soldiers before being dispersed with tear gas.

These numbers may not tell the whole story. Behind the new government stands the army. After 200 soldiers arrested Mr Zelaya and deported him, armoured cars patrolled Tegucigalpa and fighter jets flew overhead. A private television channel that backed the president was silenced, while others have observed a news blackout. Some 60 people are reported to have been injured in clashes. Even so, there is no evidence of Hondurans clamouring for the president’s return with anything like the enthusiasm of outsiders.

That is because most have tired of his rule, and blame him for the constitutional crisis that preceded the coup. It was precipitated by his attempt to emulate Mr Chávez by organising a referendum to call a constituent assembly, which he seemed to hope would allow him to remain in power beyond January, when his four-year term ends. Under Honduras’s constitution, only Congress can call referendums and it was against one. Mr Zelaya went ahead anyway. When the head of the armed forces refused to carry out an order to distribute the ballot papers, the president sacked him. The Supreme Court reinstated the general, and the electoral tribunal ordered the ballots to be confiscated. In response, Mr Zelaya led a group of supporters to an air force base where they carted off the ballots. He instructed public employees to collect signatures for the constituent assembly. Hours before voting was to begin, the army seized the president.

The army said he was arrested for defying the Supreme Court, though no explanation has been given for why he was not brought before a Honduran judge. The legislature then voted almost unanimously to install Mr Micheletti, a Liberal rival of Mr Zelaya, as his successor. Congress has no constitutional power to remove the president. Mr Micheletti produced a curiously worded resignation letter which Mr Zelaya denies having written or signed.

These events took the region by surprise. Honduras, although poor and ravaged by corruption and violent gangs, had a seemingly stable democracy. But signs of strife were there. Mr Zelaya’s presidency has been marked by a rise in crime, corruption scandals and economic populism. He pushed through big wage increases for teachers and government workers. When money ran short, he turned to Mr Chávez for petrodollars. Despite more than $100m in Venezuelan aid, the government has stopped paying some suppliers.

In opinion polls, Mr Zelaya’s approval rating sank to 30%. Mr Chávez is unpopular in a conservative country with close ties to the United States, its main trade partner. Honduras’s media are full of allegations of infiltration by communist agents and drug traffickers from Venezuela and Nicaragua. But Mr Chávez’s attempts to link the United States to the coup were undercut by Mr Zelaya himself. In an interview with El País, a Spanish newspaper, hours before he was ousted, he thanked the United States for opposing the army’s plans for a coup.

No country in the Americas has recognised Mr Micheletti. All Latin American countries and Spain (although not the United States) have withdrawn their ambassadors pending Mr Zelaya’s reinstatement. But how might that come about? Mr Chávez has threatened insurrection (and even invasion). In Venezuela in 2002 he was restored to power after a brief coup faltered. But Venezuela’s army and its opposition were divided, and the chavistas well-organised. In Honduras the army and all the main political parties are united in opposing Mr Zelaya, whose only backers are trade unions, leftist social movements and some among the poor.

On July 1st the OAS gave Honduras three days to restore constitutional order or risk suspension from the organisation. A solution may require lengthy negotiations. Having initially vowed to fly home later this week, Mr Zelaya desisted, after officials in Tegucigalpa said he would be arrested for treason. He has already said that if reinstated he would drop all plans for another term and leave in January.

Honduras’s neighbours have closed its borders to trade for two days. The World Bank has suspended aid; having initially said they would not, American officials mulled doing the same. Honduras’s economy depends on exports (of coffee, bananas and textiles), tourism and remittances from workers in the United States. All would be imperilled if its government remains a pariah. But Mr Micheletti will not find it easy to cede his job to a man who is abhorred by most of his people and all of the powers that be in his country.


FUENTE:

http://www.economist.com/world/americas/displaystory.cfm?story_id=13952942

LA POLÍTICA COMO VOCACIÓN


Es un poco penoso ver la poca calidad académica de los debates en los blogs: algunos llaman "fiesta democrática" a una elección en donde la represión política se ha impuesto; otros hablan del liberalismo sin distinguirlo en absoluto del capitalismo, el economicismo o el nihilismo; y los más avezados definen conceptos políticos desde sus juicios personales o lo que simplemente se les ocurre por la cabeza. Frente a todo esto, a continuación una célebre conferencia de Max Weber sobre el estudio de la política como una vocación cientíca, empírica y rigurosa. Nota: el autor del blog se identifica totalmente con el contenido del post.

Weber, Max. La política como vocación.

La conferencia que, accediendo a sus deseos, he de pronunciar hoy les defraudará por diversas razones. De una exposición sobre la política como vocación esperarán ustedes, incluso sin proponérselo, una toma de posición frente a los problemas del momento presente. Esto, sin embargo, lo haré sólo al final, de un modo puramente formal y en conexión con determinadas cuestiones relativas a la importancia de la actividad política dentro del marco general de la conducta humana. De la conferencia de hoy quedarán excluidas, por el contrario, todas las cuestiones concernientes a la política que debemos hacer, es decir, al contenido que debemos dar a nuestro quehacer político. Estas cuestiones nada tienen que ver con el problema general de qué es y qué significa la política como vocación. Pasemos, pues, a nuestro tema.

¿Qué entendemos por política? El concepto es extraordinariamente amplio y abarca cualquier género de actividad directiva autónoma. Se habla de la política de divisas de los bancos, de la política de descuento del Reichsbank, de la política de un sindicato durante una huelga, y se puede hablar igualmente de la política escolar de una ciudad o de una aldea, de la política de la presidencia de una asociación e incluso de la política de una esposa astuta que trata de gobernar a su marido. Naturalmente, no es este amplísimo concepto el que servirá de base a nuestras consideraciones en la tarde de hoy. Por política entenderemos solamente la dirección o la influencia sobre la dirección de una asociación política, es decir, en nuestro tiempo, de un estado.

¿Pero qué es, desde el punto de vista de la consideración sociológica, una asociación ''política"? Tampoco es este un concepto que pueda ser sociológicamente definido a partir del contenido de su actividad. Resulta difícil encontrar una tarea que no haya sido acometida por una asociación política y, por otra parte, tampoco hay ninguna tarea de la que pueda decirse que haya sido siempre competencia exclusiva de esas asociaciones políticas que hoy llamamos estados o de las que fueron históricamente antecedentes del estado moderno. Dicho estado solo es definible sociológicamente por referencia a un medio específico que él, como toda asociación política, posee: la violencia física. "Todo estado está fundado en la violencia", dijo Trotsky en Brest-Litovsk. Objetivamente esto es cierto. Si solamente existieran configuraciones sociales que ignorasen el medio de la violencia habría desaparecido el concepto de "estado" y se habría instaurado lo que, en este sentido específico, llamaríamos "anarquía". La violencia no es, naturalmente, ni el medio normal ni el único medio de que el estado se vale, pero sí es su medio específico. En la actualidad, la relación del estado con la violencia es especialmente estrecha.

En el pasado, las más diversas asociaciones, comenzando por la asociación familiar, han utilizado la violencia como un medio enteramente normal. Hoy, por el contrario, tendremos que decir que estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio (el "territorio" es elemento distintivo), reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física legítima. Lo específico de nuestro tiempo es que a todas las demás asociaciones e individuos sólo se les concede el derecho a la violencia física en la medida en que el estado lo permite. El estado es la única fuente del "derecho" a la violencia. Política significará, pues, para nosotros, la aspiración a participar en el poder o a influir en la distribución del poder entre los distintos estados o, dentro de un mismo estado, entre los distintos grupos de hombres que lo componen.

Esto se corresponde esencialmente con la acepción habitual del término. Cuando se dice que una cuestión es política, o que son "políticos" un ministro o un funcionario, o que una decisión está "políticamente" condicionada, lo que quiere significarse siempre es que la respuesta a esa cuestión, o la determinación de la esfera de actividad de aquel funcionario, o las condiciones de esta decisión, dependen directamente de los intereses en torno a la distribución, la conservación o la transferencia del poder. Quien hace política aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder "por el poder", para gozar del sentimiento de prestigio que el confiere.

El estado, como todas las asociaciones políticas que históricamente lo han precedido, es una relación de dominación de hombres sobre hombres, que se sostiene por medio de la violencia legítima (es decir, de la que es vista como tal). Para subsistir necesita, por tanto, que los dominados acaten la autoridad que pretenden tener quienes en ese momento dominan. ¿Cuándo y por qué hacer esto? ¿Sobre qué motivos internos de justificación y sobre qué medios externos se apoya esta dominación?

En principio (para comenzar por ellos) existen tres tipos de justificaciones internas, de fundamentos de la legitimidad de una dominación. En primer lugar, la legitimidad del "eterno ayer", de la costumbre consagrada por su inmemorial validez y por la consuetudinaria tendencia de los hombres hacia su respeto. Es la legitimidad "tradicional", como la que ejercían los patriarcas y los príncipes patrimoniales de antaño. En segundo término, existe la autoridad de la gracia (carisma) personal y extraordinaria, la entrega puramente personal y la confianza, igualmente personal, en la capacidad para las revelaciones, el heroísmo u otras cualidades de caudillo que un individuo posee. Es esta autoridad "carismática" la que detentaron los profetas o, en el terreno político, los jefes guerreros elegidos, los gobernantes plebiscitarios, los grandes demagogos o los jefes de los partidos políticos. Tenemos, por último, una legitimidad basada en la "legalidad", en la creencia en la validez de preceptos legales y en la "competencia" objetiva fundada sobre normas racionalmente creadas, es decir, en la orientación hacia la obediencia a las obligaciones legalmente establecidas; una dominación como la que ejercen el moderno "servidor del estado" y todos aquellos titulares del poder que se asemejan a él.

martes 23 de junio de 2009

¿POR QUÉ NO SOY CONSERVADOR?


Este es un texto que, en mi opinión, tiene mucha relevancia, ya que ayuda a comprender de mejor manera la distinción entre el liberalismo y el conservadurismo, dejando de lado las caricaturas y los comentarios poco rigurosos. Nota: el autor de este blog no comparte necesariamente las ideas vertidas en este post.

Von Hayek, Friedrich. Los Fundamentos de la Libertad (post-escriptum).


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El conservadurismo implica una legítima, seguramente necesaria y, desde luego, bien difundida actitud de oposición a todo cambio súbito y drástico. Nacido tal movimiento como reacción frente a la Revolución francesa, ha desempeñado, durante siglo y medio, un importante papel político en Europa. Lo contrario del conservadurismo, hasta el auge del socialismo, fue el liberalismo. No existe en la historia de los Estados Unidos nada que se asemeje a esta oposición, pues lo que en Europa se llamó liberalismo constituyó la base sobre la que se edificó la vida política americana; por eso, los defensores de la tradición americana han sido siempre liberales en el sentido europeo de la palabra.

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Permítaseme ahora pasar a referirme al mayor inconveniente que veo en el auténtico conservadurismo. Es el siguiente: la filosofía conservadora, por su propia condición, jamás nos ofrece alternativa ni nos brinda novedad alguna. Tal mentalidad, interesante cuando se trata de impedir el desarrollo de procesos perjudiciales, de nada nos sirve si lo que pretendemos es modificar y mejorar la situación presente. De ahí que el triste sino del conservador sea ir siempre a remolque de los acontecimientos. Es posible que el quietismo conservador, aplicado al ímpetu progresista, reduzca la velocidad de la evolución, pero jamás puede hacer variar de signo al movimiento. Tal vez sea preciso «aplicar el freno al vehículo del progreso»; pero yo, personalmente, no concibo dedicar con exclusividad la vida a tal función. Al liberal no le preocupa cuán lejos ni a qué velocidad vamos; lo único que le importa es aclarar si marchamos en la buena dirección.

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Antes de pasar a ocuparnos de los puntos en que más difieren las posiciones liberal y conservadora, me parece oportuno resaltar cuánto podían haber aprendido los liberales en las obras de algunos pensadores netamente conservadores. Los profundos y certeros estudios (ajenos por completo a los temas económicos) que tales pensadores nos legaron, demostrando la utilidad que encierran las instituciones natural y espontáneamente surgidas, vienen a subrayar hechos de enorme trascendencia para la mejor comprensión de lo que realmente es una sociedad libre. Por reaccionarias que fueran en política figuras como Coleridge, Bonald, De Maistre, Justus Möser o Donoso Cortés, lo cierto es que advirtieron claramente la importancia de instituciones formadas espontáneamente tales como el lenguaje, el derecho, la moral y diversos pactos y contratos, anticipándose a tantos modernos descubrimientos, de tal suerte que habría sido de gran utilidad para los liberales estudiar cuidadosamente sus escritos. Por lo general, los conservadores reservan para la evolución del pasado la admiración y el respeto que los liberales sienten por la libre evolución de las cosas. Carecen del valor necesario para dar la alegre bienvenida a esos mismos cambios engendradores de riqueza y progreso cuando son coetáneos.

He aquí la primera gran diferencia que separa a liberales y conservadores. Lo típico del conservador, según una y otra vez se ha hecho notar, es el temor a la mutación, el miedo a lo nuevo simplemente por ser nuevo; la postura liberal, por el contrario, es abierta y confiada, atrayéndole, en principio, todo lo que sea libre transformación y evolución, aun constándole que, a veces, se procede un poco a ciegas. La posición de los conservadores no sería, en verdad, demasiado criticable si limitaran su oposición a la excesiva rapidez en la modificación de las instituciones sociales y políticas. Existen poderosas razones que aconsejan ser precavidos y cautos en tales materias. Pero los conservadores, cuando gobiernan, tienden a paralizar la evolución o, en todo caso, a limitarla a aquello que hasta el más tímido aprobaría. Jamás, cuando avizoran el futuro, piensan que puede haber fuerzas desconocidas que espontáneamente arreglen las cosas; mentalidad ésta en abierta contraposición con la filosofía de los liberales, quienes, sin complejos ni recelos, aceptan la libre evolución, aun ignorando a veces hasta dónde puede llevarles el proceso.

Tal actitud mental contribuye a que, por principio, estos últimos confíen en que, sobre todo la economía, gracias a las fuerzas autorreguladoras del mercado, se irá acomodando espontáneamente a cualquier nueva circunstancia, aun cuando con frecuencia nadie pueda prever con detalle cómo se realizará esa acomodación. La incapacidad de la gente para percibir por qué tiene que ajustarse la oferta a la demanda, por qué han de coincidir las exportaciones con las importaciones y otros extremos parecidos, tal vez sea la razón fundamental que les hace oponerse al libre desenvolvimiento del mercado. Los conservadores sólo se sienten tranquilos si piensan que hay una mente superior que todo lo vigila y supervisa; ha de haber siempre alguna «autoridad» que vele por que los cambios y las mutaciones se lleven a cabo «ordenadamente».

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La mentalidad conservadora, en definitiva, entiende que dentro de cada sociedad existen personas patentemente superiores, cuyas valoraciones, posiciones y categorías deben protegerse, correspondiendo a tales excepcionales sujetos un mayor peso en la gestión de los negocios públicos. Los liberales, naturalmente, no niegan que hay personas de superioridad indudable; en modo alguno son igualitaristas. Pero no creen que haya nadie que por sí y ante sí se halle facultado para decidir subjetivamente quiénes, entre los ciudadanos, deban ocupar esos puestos privilegiados. Mientras el conservador tiende a mantener cierta predeterminada jerarquía y desea ejercer la autoridad para defender la posición de aquellos a quienes él personalmente valora, el liberal entiende que ninguna posición otrora conquistada debe ser protegida contra los embates del mercado mediante privilegios, autorizaciones monopolísticas o intervenciones coactivas del Estado. El liberal no desconoce el decisivo papel que ciertas élites desempeñan en el progreso cultural e intelectual de nuestra civilización; pero estima que quienes pretenden ocupar en la sociedad una posición preponderante deben demostrar esa pretendida superioridad acatando las mismas normas que se aplican a los demás.

...

Uno de los aspectos para mí más recusables de la mentalidad conservadora es su oposición, por principio, a todo nuevo conocimiento, por temor a las consecuencias que, a primera vista, parezca haya de producir; digámoslo claramente: lo que me molesta del conservador es su oscurantismo. Reconozco que, mortales al fin, también los científicos se dejan llevar por modas y caprichos, por lo que siempre es conveniente recibir sus afirmaciones con cautela y hasta con desconfianza. Ahora bien, nuestra crítica deberá ser siempre racional, y, al enjuiciar las diferentes teorías, habremos de prescindir necesariamente de si las nuevas doctrinas chocan o no con nuestras creencias preferidas. Siempre me han irritado quienes se oponen, por ejemplo, a la teoría de la evolución o a las denominadas explicaciones «mecánicas» del fenómeno de la vida, simplemente por las consecuencias morales que, en principio, parecen deducirse de tales doctrinas, así como quienes estiman impío o irreverente el mero hecho de plantear determinadas cuestiones. Los conservadores, al no querer enfrentarse con la realidad, sólo consiguen debilitar su posición.

...

En un solo aspecto puede decirse con justicia que el liberal se sitúa en una posición intermedia entre socialistas y conservadores. En efecto, rechaza tanto el torpe racionalismo del socialista, que quisiera rehacer todas las instituciones sociales a tenor de ciertas normas dictadas por sus personales juicios, como del misticismo en que con tanta facilidad cae el conservador. El liberal se aproxima al conservador en cuanto desconfía de la razón, pues reconoce que existen incógnitas aún sin desentrañar; incluso duda a veces que sea rigurosamente cierto y exacto todo aquello que se suele estimar definitivamente resuelto, y, desde luego, le consta que jamás el hombre llegará a la omnisciencia. El liberal, por otra parte, no deja de recurrir a instituciones o usos útiles y convenientes aunque no hayan sido objeto de organización consciente. Difiere del conservador precisamente en este su modo franco y objetivo de enfrentarse con la humana ignorancia y reconoce lo poco que sabemos, rechazando todo argumento de autoridad y toda explicación de índole sobrenatural, cuando la razón se muestra incapaz de resolver determinada cuestión. A veces puede parecernos demasiado escéptico,12 pero la verdad es que se requiere un cierto grado de escepticismo para mantener incólume ese espíritu tolerante típicamente liberal que permite a cada uno buscar su propia felicidad por los cauces que estima más fecundos.

De cuanto antecede en modo alguno se sigue que el liberal haya de ser ateo. Antes al contrario, y a diferencia del racionalismo de la Revolución francesa, el verdadero liberalismo no tiene pleito con la religión, siendo muy de lamentar la postura furibundamente antirreligiosa adoptada en la Europa decimonónica por quienes se denominaban liberales. Que tal actitud es esencialmente antiliberallo demuestra el que los fundadores de la doctrina, los viejos whigs ingleses, fueron en su mayoría gente muy devota. Lo que en esta materia distingue al liberal del conservador es que, por profundas que puedan ser sus creencias, aquél jamás pretende imponerlas coactivamente a los demás. Lo espiritual y lo temporal son para él esferas claramente separadas que nunca deben confundirse.

jueves 18 de junio de 2009

TRES REFLEXIONES POLITOLÓGICAS


"Todos los Estados bien gobernados y todos los príncipes inteligentes han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación, ni al pueblo al descontento" (Nicolás Maquiavelo).

"Pero la soberanía, es decir, el Estado mismo, consiste en decidir la contienda, o sea determinar con carácter definitivo qué son el orden y la seguridad pública, cuándo se han violado, etc. […] El orden jurídico, como todo orden, descansa en una decisión, no en una norma" (Carl Schmitt).

“El problema principal no es la libertad, sino la creación de un orden público legítimo. Puede haber orden sin libertad, por supuesto, pero no libertad sin orden” (Samuel P. Huntington).

domingo 14 de junio de 2009

POR UNA CULTURA DE PAZ: PRONUNCIAMIENTO DE LA PUCP ANTE LA CRISIS DE LA AMAZONÍA


Domingo, 14 de junio del 2009 Frente a los trágicos sucesos ocurridos en Bagua y otras zonas de nuestra Amazonía, que han cobrado la vida de decenas de compatriotas entre población civil y personal de la Policía Nacional del Perú, la Pontificia Universidad Católica del Perú considera que es un deber moral manifestar ante nuestras autoridades políticas, instituciones sociales y la opinión pública en general, lo siguiente:

Los hechos de sangre, muerte y violencia extrema, producidos en días pasados en diversas zonas de nuestra Amazonía, no son sino el resultado de nuestro frustrado propósito de construir un modelo de sociedad inclusivo, donde todos los peruanos, sobre la base de reconocer nuestras diferencias, sepamos respetarnos unos a otros, y erradicar toda forma de discriminación, intolerancia, maniqueísmo e incomprensión, es decir, aspirar a una sociedad fundada en la equidad y donde no existan ciudadanos de segundo o tercer nivel.

La pérdida de vidas no puede quedar impune y existen sin duda responsabilidades individuales por identificar y sancionar con todo el rigor de la ley; pero no podemos quedarnos en ello. Debemos desactivar todo factor que nos haga vulnerables a nuevos brotes de violencia. El significativo número de conflictos sociales, activos o latentes, de los que da cuenta periódica la Defensoría del Pueblo, debe alertarnos y hacernos concientes de la magnitud del problema que tenemos por delante.

A partir de lo expuesto, fiel a su papel de institución educativa con una identidad cimentada en profundos valores cristianos y éticos, y con un claro compromiso con la realidad del país, la Universidad Católica desea manifestar su solidaridad con el dolor de los deudos de todas las personas que han perdido la vida y cumplir con el deber de exhortar a:

1. Insistir en el diálogo intercultural como el mecanismo de acción y procesamiento de conflictos más idóneo, porque recurrir a la violencia y a mecanismos de confrontación terminan afectando los derechos fundamentales de las personas. Se invoca a las partes a decidirse por un diálogo franco y transparente para afrontar con sabiduría estos difíciles momentos.

2. Enfocar nuevamente la atención en la búsqueda de salidas para esta crisis por un camino constructivo, partiendo de las auténticas preocupaciones de las partes, en vez de llevar a cabo acciones que conduzcan a la polarización de la sociedad civil. Para ello, es vital esclarecer conceptos, reconocer y respetar los valores de las comunidades nativas, así como conocer y entender su cosmovisión y lógica de actuación.

3. Desarrollar una actuación escrupulosamente centrada en los valores democráticos y el reconocimiento del Perú como un país pluricultural y multilingüe, abordando la situación actual como una oportunidad para reorientar las fuerzas de la sociedad hacia la construcción de un país justo, equitativo y de oportunidades para todos.

4. Respetar los pactos internacionales en materia de derechos humanos, y específicamente en el caso de las comunidades nativas de la Amazonía, el Convenio 169° de la OIT, que es un instrumento que promueve el diálogo entre el gobierno y las comunidades nativas, con la finalidad de superar la situación de pobreza, reconociendo su derecho a decidir sus propias prioridades en lo que atañe a su proceso de desarrollo, a respetar el derecho de propiedad y de posesión sobre las tierras que tradicionalmente ocupan. El gobierno no solo debe consultar previamente, sino además tomar medidas concertadas que sean necesarias para determinar las tierras que los pueblos ocupan tradicionalmente y garantizar efectivamente sus derechos de propiedad y posesión.

5. Establecer mecanismos eficaces y oportunos de prevención y gestión de conflictos, evitando que aquellos escalen a niveles de violencia, lo que dificulta un procesamiento apropiado de los mismos.

La Pontificia Universidad Católica del Perú pone a disposición de la sociedad peruana su bagaje académico acumulado en años de estudio e investigación en los temas mencionados y el concurso de sus profesores, investigadores y comunidad universitaria en su conjunto para ser parte en esta tarea en la que el país necesita de todos.

Lima, 14 de junio del 2009


FUENTE:

http://www.pucp.edu.pe/puntoedu/index.php?option=com_content&task=view&id=1290

sábado 13 de junio de 2009

OIL AND LAND RIGHTS IN PERU: BLOOD IN THE JUNGLE


Jun 11th 2009 LIMA
From The Economist print edition
Alan García’s high-handed government faces a violent protest

FOR seven weeks tens of thousands of Amazonian Indians blocked roads and rivers across eastern Peru. They seized hydroelectric plants and pumping stations on oil and gas pipelines to try to force the repeal of decrees facilitating oil exploration, commercial farming and logging in parts of the jungle. Petroperu, the state oil company, had to shut a pipeline that carries 40,000 barrels of oil each day. Amid threats of energy rationing in eastern towns, the government of President Alan García this month ordered armed police to clear a stretch of road and retake a pumping station near Bagua, in Peru’s northern jungle (see map).

In the ensuing clash at Curva del Diablo—or “Devil’s Curve”—on June 5th at least nine protesters and eleven police were killed. The Indians, armed with spears and machetes, went on to capture and kill a dozen more police guarding a pumping station. Their leaders claim that at least 40 Indians were killed and 60 more are missing, though these numbers have not been confirmed.

This bloody confrontation has rocked Mr García’s government—and dramatised the failure of Peru’s political system to settle the conflict between the government’s plans for development and the demands of some of its poorest citizens.

Thousands of Indians brandishing wooden spears continued to block roads near Bagua this week. The government imposed a curfew and placed the army in charge of two provinces in Amazonas department. It has sent police reinforcements to other parts of the jungle and ordered the arrest of Alberto Pizango, the leader of AIDESEP, an umbrella-group of jungle-Indian peoples that organised the protests. Mr Pizango last month briefly called for an “insurgency” against the government, raising alarm in a country that suffered greatly from the terrorist violence of the Shining Path in the 1980s and 1990s. He has sought and been granted asylum in Nicaragua. Mr García has hinted that radical socialist governments in Venezuela and Bolivia were behind the violence, and were manipulating “ignorant” Indians.


While not endorsing AIDESEP’s violent tactics, many Peruvians blame Mr García for the violence. El Comercio, Peru’s establishment newspaper, echoed opposition calls for the sacking of Yehude Simon, the prime minister, and of the interior minister for bungling the dispute. The government is widely condemned for failing to consult properly over 99 decrees it issued a year ago, using legislative powers delegated by Congress. These decrees were ostensibly designed to speed the implementation of a free-trade agreement with the United States, but trade had little to do with the new rules that AIDESEP objects to.

After a first wave of protests by AIDESEP last August, Peru’s Congress repealed two decrees which would have made it easier for Indian communal lands to be sold. But congressional leaders failed to conduct a promised review of eight other decrees, prompting a renewal of protests in April. These measures introduce provisions allowing the development of “unproductive” land in the jungle. The recent blocking by Mr García’s APRA party of an attempt to repeal one of the eight measures, the forestry and wildlife law, triggered the violence. However, on June 10th Congress voted to suspend temporarily two of the decrees.

Mr García argues that the Indians should not be allowed to block investment in oil and gas that he hopes will turn the country into an oil exporter, benefiting all Peruvians. AIDESEP counters that his decrees ride roughshod over the property rights of the Indians. Peru has some 70m hectares (173m acres) of rainforest—the largest chunk of the Amazon basin outside Brazil. Around 70% of the jungle has now been granted, or offered, as concessions for oil and gas exploration, much of it by Mr García’s government. Foreign oil companies, including Spain’s Repsol, and dozens of smaller outfits, are operating many of these concessions.

Much of the land is claimed either as communal by Indian tribes or as private property. One hotly disputed area involves Lot 67, a concession in Loreto in the north-eastern jungle. Perenco, an Anglo-French company, plans to invest up to $2 billion by 2013 to extract 100,000 barrels per day of heavy oil. This partly overlaps a proposed reserve for an Indian tribe that eschews contact with the modern world.

AIDESEP complains that governments have been slow to settle Indian land claims and grant titles, and quick to grant concessions to oil companies and loggers. This makes Indians suspicious and resentful. Some 330,000 of them, grouped in 60 different tribes, live in the Peruvian jungle (where they make up 10% of the population). Many have not joined the protests. Most lack adequate schools and health clinics. More than half the population of the northern jungle is poor, compared with a national average of 36%.

Peru has seen many conflicts between foreign mining and oil companies and local people, who complain of environmental damage and/or a lack of tangible benefits from these investments. The conflicts are often resolved only after protests, and sometimes bloodshed.

AIDESEP says that under the UN declaration on indigenous peoples, which Peru voted for, its member groups have the right to exercise control over their traditional lands and their resources. The problem for Peru is that there is no agreement about how to apply such rights or how to square them with the interests of the rest of the population. Force is not the answer. Instead of bluster, Mr García should be offering Peru proper consultation and vigorous debate about these issues.

FUENTE:

http://www.economist.com/displaystory.cfm?story_id=13824454